En la realidad del momento, todo lo que se plantee, como nunca antes está por ver, porque comenzamos desde los puntos de vista sociológico, político y especialmente económico en situaciones muy especiales afectadas por un 2020 que ha traspasado todos los límites que antes de la Pandemia eran lógicos y normales.
Han transcurrido ocho largos meses desde la aparición en Cuba de los primeros casos de la COVID-19 y ahora, a sólo dos del adiós al 2020, es que la totalidad de los niños y jóvenes han podido regresar a sus centros de enseñanza. Es una de las más dañinas consecuencias de la pandemia y de la estela de sacrificios y sufrimientos provocados a la sociedad.
Cuando la humanidad se encerró obligatoria e inesperadamente en sus hogares durante este pandémico 2020, muchas personas arrastraron conductas que quebrantaron la concordancia familiar. La violencia de género, especialmente hacia las mujeres y las niñas, explotó mundialmente. Instituciones y personalidades convocaron a educar para frenarla, pero, ¿cómo hacerlo con tantas adversidades?













