Vivo en una Cuba libre y perfectible, no en un “estado fallido”

Dos carteles resumen los porqués del título, más la afirmación de Silvio Rodríguez que el socialismo cubano es perfectible.

El primer cartel de 2008, que se titula “Cuba post Castro”, es del caricaturista cubano Ares, quien multiplicó hasta el infinito una imagen de Fidel guerrillero. En el segundo afiche, una” V” sale gigantescamente de la palabra “virus”. Su autora, Annick Woungly, pregonó así su certeza en abril de 2020 que los cubanos venceríamos al causante de la Covid-19. Se basó en la obra original de Eufemia Álvarez del Castillo, en la que la artista aseguró con la “V” que se proyecta de la palabra “Revés”, que los cubanos convertirían en victoria la adversidad que significó que la zafra de 1970 no alcanzara los 10 millones de toneladas de azúcar.

El mensaje del primero trasmite que los combatientes que asentaron la Revolución en el poder en 1959 multiplicaron sus ideales en las generaciones que nacieron después de esa fecha, y que, de ellas, saldrán los nuevos dirigentes que continuarán el proyecto revolucionario.

Los combatientes que asentaron la Revolución en el poder en 1959 multiplicaron sus ideales en las generaciones

Marta Nuñez Sarmiento

Los carteles que proyectan la “V”, significan que la Revolución cubana es resiliente: siguió desarrollándose después de 1970, al igual que lo hará a la vez que combata el virus de la pandemia.

La idea de continuar corrigiendo el sistema político cubano la lanzó Silvio Rodríguez en el Parlamento en 2002, cuando explicó por qué votaba por un socialismo perfectible en su país. En su intervención testimonió su compromiso de poeta de pensamiento crítico que participa en la Revolución, “…haciéndome partícula de esta aventura, de esta expedición realista y surrealista que dirigimos y protagonizamos todos con él (Fidel)”.

Uso estos símbolos porque mantienen vigentes sus significados. Ilustran la capacidad que tiene el proyecto de transición socialista cubano para reinventarse perennemente, enmendando errores que también se renuevan, porque, si se anquilosa, sería incapaz de convertir en realidades terrenales sus utopías de soberanía, justicia, bienestar y no discriminaciones. Y, lo más importante, porque sólo será legítimo si se parece a los cubanos de las diferentes generaciones.

En eso consiste el reto de hoy, ese que sacaron a la palestra las manifestaciones del 11 de julio.

Días después el presidente de EEUU condenó a Cuba como un “estado fallido” que provocó “el estallido social” del domingo 11 de julio. Dijo estar dispuesto a despachar vacunas a Cuba sólo a través de una organización internacional que asegure administrarlas a la población. Mantuvo así las puertas abiertas para un “corredor humanitario” que desembocaría en un “cambio de régimen”. Omitió el siempre presente bloqueo. Entrecomillo los términos porque los encontré en mis investigaciones sobre los planes para una “transición hacia la democracia en Cuba” que proliferaron entre 2004 y 2010.Un “estado fallido” no puede mantener vivo un proyecto capaz de resistir y desarrollarse para terrenalizar sus sueños. Tampoco puede asegurar que quienes dirijan las transformaciones en sus diferentes etapas históricas, aseguren la continuidad de estos objetivos adaptándose a las nuevas circunstancias de cada etapa.

Cuba experimenta hace 62 años un proyecto anticapitalista y socialista propio, que se apellida revolucionario porque está obligado a renovarse permanentemente. Insisto en que es un experimento porque pasó al menos por siete modelos de transición socialista, para que este ideal se pareciera a Cuba. Los aciertos los reconocen hasta los enemigos. Los errores han sido grandes y permanentes, pero los cubanos los rectificamos porque conocemos sus raíces en culpas propias, que no sólo atañen al bloqueo.

Los científicos sociales cubanos de varias generaciones expusieron en artículos recientes los desaciertos internos que facilitaron que los mensajes de odio y mentiras que proliferaron en las redes provocaran las manifestaciones 11 de julio. Esto comprueba que estos especialistas acostumbran a analizar críticamente los problemas que viven los cubanos. Si no fuera así, las dificultades no se resolverían.

Un “estado fallido” no hubiera creado desde hace más de 50 años centros de investigaciones sociales que escudriñan todos los aspectos de Cuba, desde los de la macroeconomía, la política y la historia hasta las desigualdades socioeconómicas, la pobreza, las identidades de todo tipo-incluidas las de género y raciales-,las migraciones y la juventud, por mencionar algunas que permiten conocer cómo son los cubanos. Pero los investigadores nos quejamos, con razones, que muchos decisores engavetan los resultados si les resultan incómodos.

Una” V” sale gigantescamente de la palabra “virus”. Su autora, Annick Woungly, pregonó así su certeza en abril de 2020 que los cubanos venceríamos al causante de la Covid-19.

Marta Nuñez Sarmiento

Las investigaciones sobre desigualdades y pobreza existen en Cuba hace treinta años. Sólo se les prestó atención durante la crisis de los 90 o “Período especial”, porque salieron a la luz pública junto a los del racismo, la homofobia y la violencia de género y fue imposible desconocerlos. Abarcan todas las zonas geográficas y los estratos sociales para entender qué significa ser pobre en Cuba en contraste con esta categoría en otros países. Todas radiografían las causas de manera sumamente crítica, y sugieren cómo enmendarlas tomando en cuenta las limitaciones del país.

El mayor de los aciertos de la Revolución consiste en que desde 1959 toda la población experimentó una movilidad social ascendente que favoreció a los más pobres y discriminados.

Pero este logro tiene un sesgo contradictorio imposible de obviar. Hoy los nietos de las cohortes más humildes de hace seis décadas, aspiran lógicamente a niveles de vida más altos – no sólo en cuestiones de consumo material- que los que la Revolución les brinda. Estos cubanos de 45 años y menos nacieron a fines de los 1970, por lo que no tienen vivencias directas de lo que fue la Cuba antes de 1959. Experimentaron en su infancia y adolescencia las carencias extremas que provocó la crisis de los 1990, tras la desaparición del campo socialista y el reforzamiento del bloqueo de EEUU. Los beneficios que acumularon en materia de educación, salud, empleo, alimentación, los hábitos de higiene, el acceso a manifestaciones culturales, a los medios, a la seguridad social se unieron a que no pudieron encontrar empleos en el sector público que pagaran salarios de acuerdo con sus altas calificaciones profesionales. Pocos de ellos accedieron a poseer las divisas que obtenían quienes trabajaban en el turismo internacional, en empresas de capital mixto o recibían remesas del exterior. La crisis de los 90 provocó desigualdades en los ingresos que treinta años después persisten.

Padecieron la falta de viviendas, sobre todo cuando quieren formar nuevas familias, más las dificultades para repararlas. Olvidan que nadie los puede expulsar de sus casas porque eso se legisló en 1959. Sufren penurias con el transporte público. Los apagones de 14 horas y más de la crisis de los noventa quedaron atrás, por lo que cuando falta la electricidad durante horas a lo largo de tres o cuatro días, se irritan comprensiblemente.

Buscan informaciones en las redes digitales de sus celulares, que están inundadas con mensajes elaborados fuera de Cuba que los alejan de las realidades nacionales. Para entretenerse compran semanalmente los “paquetes” con programas de entretenimiento e informativos que trasmiten las televisoras de habla hispana, con preeminencia de las de la Florida. Viven, por tanto, en una burbuja mediática desconectada con lo que sucede en su país.

No mencionaré las insuficiencias de los medios de comunicación criollos porque los periodistas cubanos Ricardo Ronquillo y Pepe Alejandro Rodríguez las diseccionaron a calzón quitado. Los periodistas y los comunicadores sociales que laboran en los medios cubanos están calificados para cambiar los mensajes que pintan con color de rosa las situaciones que todos saben que no son así, o los que ofenden a quienes opinan de manera diferente. Pero ¡ojo!, lo hacen desde Cuba y para perfeccionar el socialismo a la cubana.

Esta es la Cuba que heredaron los nuevos dirigentes del país, quienes ostentan sus cargos desde la nación hasta los municipios en el gobierno, el parlamento y en el partido.

En tanto nacieron después de 1959 se parecen al 75% de la población cubana. Están mejor preparados para ejercer sus cargos que los guerrilleros y los luchadores clandestinos que integraron las primeras cohortes de dirigentes. Lo afirmo porque no sólo tienen niveles universitarios, sino porque adquirieron su cultura para dirigir a medida que se entrenaron en el ejercicio de sus responsabilidades junto a las generaciones de dirigentes que les precedieron. Muchos comenzaron sus funciones participando en misiones internacionalistas. Cuando rondaron los 30 años, enfrentaron los desafíos para resistir y desarrollarnos que produjo la crisis de 1990. Siguieron madurando en las dos primeras décadas de este siglo tras la enfermedad de Fidel. Experimentaron el nuevo estilo de dirección que introdujo Raúl para solucionar los problemas que adicionó la crisis de los 90 a los que previamente existían.

Aunque no terminan de zafarse de los desaciertos internos que pueden destruir la Revolución, como pronosticó Fidel en 2005, son los padres de los cubanos que nacieron a fines de los 1970. Por tanto, saben cómo piensan y actúan, a la vez que reconocen que se parecen más a sus semejantes generacionales que a sus progenitores.

Poseen, por tanto, las capacidades para continuar la transición socialista en las condiciones actuales. Pero tienen que asegurar sus liderazgos sensibilizándose con los problemas que los cubanos confrontan cotidianamente, promoviendo la participación de todos en debates acerca de cómo gobernar mejor para solucionar los errores que impiden avanzar hacia el ideal socialista. 

Tienen, además, las experiencias para no ceder la soberanía nacional ante el bloqueo de EEUU y sus nuevas caras de las agresiones en las redes digitales.

Continúan la descentralización en la gestión de gobernar al país que comenzó en 2008, por lo que aprenden con toda la población a trabajar con autonomía y a ponderar el trabajo en las comunidades.

Incorporaron definitivamente la informatización a los estilos de gobierno en las condiciones que Cuba cuenta con un capital humano capaz de asimilar las nuevas tecnologías, pero con un equipamiento insuficiente.

Dirigieron la discusión del proyecto constitucional que cambió la mayor parte de sus contenidos hasta perfilar la Constitución de la República que la población aprobó en 2019. Encabezan los procesos para traducir sus contenidos en los nuevos códigos legales ante una población que demanda que se haga con urgencia.

En los primeros meses de 2021 se vieron obligados a modificar la mayoría de los cálculos que implementó el tan retrasado y urgente Reordenamiento económico y social del país. Lo hicieron porque escucharon los criterios de la población.

Desde marzo de 2020 enfrentaron con eficiencia la pandemia. A de los incrementos en los contagiados y los fallecidos en las últimas semanas, Cuba exhibe tasas de contagios y de letalidad inferiores a las de países desarrollados.  Sus centros científicos produjeron dos vacunas contra la Covid-19 y tres candidatos vacunales. Cuando concluya julio, la población de La Habana mayor de 19 años habrá recibido las tres dosis de la vacuna.  Se estima que a fines de agosto el 60% de todos los cubanos en ese rango de edades estará vacunado. Me atrevo a pronosticar que a fines del 2021 los niños y adolescentes entre 3 y 18 años estarán vacunados, porque ya se ensayan las vacunas para ellos. 

Concluyo con lo que comentó Silvio el 17 de julio, a propósito del texto del sociólogo español Rubén Juste que reprodujo en su blog.“Sí, el imperio quiere acabar con la Revolución, Eduardo, pero una de las cosas interesantes que señala el artículo es que ahora, porque en Cuba ha habido cambios, ellos arrecian la agresión; les interesaba que nos mantuviéramos en la inmovilidad del pasado. Ese es el kid de todo. Justo porque hemos empezado a movernos hacia adelante es cuando recrudecen e incitan levantamientos populares, apelando al cansancio, al año y medio de pandemia, a todo lo sufrido. Todo esto es signo de que hemos empezado a andar en una dirección que no les gusta porque puede neutralizar o aliviar el daño terrible del bloqueo… No perder de vista eso: íbamos bien, vamos bien. Hay que acelerar lo más posible lo que se estaba haciendo. Por algo no les conviene a quienes no nos quieren”.

Marta Nuñez
Marta Núñez Sarmiento (Cuba, 1946) Es socióloga y profesora titular y consultante de la Universidad de La Habana, de donde se retiró recientemente. Investiga cómo influye el empleo femenino en las relaciones de género en Cuba, así como las relaciones Cuba-EEUU. Es Máster en Sociología (Facultad de Ciencias sociales –FLACSO-, Santiago de Chile, 1971) y Doctora en Ciencias Económicas (Academia de Ciencias de la URSS, Moscú, 1983). Fue profesora invitada en universidades de República Dominicana, Suiza, Suecia, Estados Unidos, Canadá, España y Argentina. Imparte la asignatura “Género, raza y desigualdades” a estudiantes norteamericanos matriculados en el Programa Cuba del Consorcio de estudios avanzados en el exterior (C.A.S.A.) en La Habana. Imparte conferencias sobre “Relaciones de género en Cuba” a estudiantes universitarios norteamericanos durante sus estancias en Cuba. Ha sido consultora de género para agencias de Naciones Unidas (1988-2015), para la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (CIDA) (2007-2009), para la Asociación de Estados del Caribe (1999) y para ONGs. Es fundadora de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana (1991) y del Casablanca Dream Group integrado por académicas feministas de países del Sur (2007). Fue experta del Consejo de Ayuda Económica (CAME) (Moscú 1978-1983) y consejera en la Embajada de Cuba en la Federación Rusa (1993-1997). Fue profesora invitada del David Rockefeller Center for Latin American Studies de Harvard (2010). Ha publicado en libros y revistas científicas de EEUU, Cuba, Canadá y otros países. Escribió la columna “Metodología de los por qué” en Unicornio de POR ESTO! (2018-junio 2020) Publicó el libro Yo sola me represento (2011). Ostenta la Orden por el Conjunto de su Obra Científica otorgada por el Rector de la Universidad de La Habana. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Agosto de 2020