El himno de Pablo

Fotografía de Álvaro Serrano Sierra

Pablo y yo no nos veíamos desde que se decretó el estado de alarma el año pasado. La última vez fue en su piso, reunidos para producir un cortometraje. Nos despedimos esa noche sin saber que seríamos presos de nuestras respectivas viviendas, situadas en los extremos opuestos de Madrid.

Y así pasaría el 2020, una elipsis de muerte y restricciones; y también de vida y nuevos comienzos. Pablo se cambió de casa, yo también me mudé. No sé qué fue de su Navidad, y no le hablé de la mía cuando por fin nos vimos en 2021. El último obstáculo entre él y yo, fueron los 40 centímetros de nieve que dejó Filomena a su paso por la capital de España. La nevada del siglo.

Nos encontramos en la puerta del Teatro La Latina. Elegimos sentarnos bajo el sol de finales de febrero. Dimos saltos sobre la crónica de 2020, pasando por el trabajo, la creación artística, nuestros representantes. Y cuando llegamos a Lectámbulos le propuse que interpretara algo y se grabara. Imágenes en vez de un artículo.

—Pero… ¿Qué texto sería?

—Poesía, un cuento… algo que te mueva. Que te guste mucho.

Se quedó pensando unos instantes y acordamos que en los siguientes días concretaríamos el material. Apuramos la cerveza, pagó él. El sol ya daba fuerte, y el perejil que llevaba en la mochila se ponía mustio. Siendo hora de comer, nos despedimos. Burlamos la distancia social en un abrazo (delitos cotidianos, “de andar por casa”), eso sí, con mascarilla.

—Una canción, Ricardo. Eso me mueve.

Pasaron los días, el frío de febrero empezó a difuminarse con las lluvias de marzo. Pablo eligió una canción y –antes de ponerla en fotogramas—, la pasó por su corazón. Como una pintura del barroco tenebrista que nos habla, así traduce Pablo al cine lo que la banda de Burgos plasmó en su música.

No le pregunté por qué eligió el texto de esta canción para interpretarlo, no necesito saber sus razones. Lo que me basta es la antorcha (de llama trémula, siempre encendida) que hay en su voz. El presagio de sus ojos al hacer de este Himno nacional (de la M.O.D.A), una promesa de calma después de la catástrofe.

Pablo Gilez es actor y artista audiovisual. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, descubrió allí su pasión a ambos lados de la cámara. Recién trasladado a Madrid, continúa su formación como actor en la escuela Work in Progress y con grandes maestros como Fernando Piernas, Ernesto Arias o Darío Facal. Compagina su faceta de realizador-guionista en proyectos de ficción con productos audiovisuales para marcas como Lego, LaLiga o el periódico El País.

Ricardo Mena Rosado
Artista binacional (México-España) residente en Madrid. Actor, director, escritor y pedagogo teatral. Licenciado en Arte Dramático con Especialidad en Interpretación Textual por la ESAD Sevilla (España) y Licenciado en Educación Secundaria con Especialidad en Inglés por la ENSY de Mérida (México). Su obra teatral como actor, director y pedagogo se ha desarrollado en España, México, Alemania, Italia, Egipto, Rumania y Bangladesh, tanto en producciones locales como festivales internacionales. En 2011 crea Ekkyklema Teatro, sello bajo el cual escribe, dirige e interpreta un teatro que investiga la transversalidad de lo narrativo y lo escénico: Macario, muerto de hambre, Monstruo, Acullá. Más allá de aquí y Czech dream son algunos ejemplos. Su carrera como actor de cine y televisión incluye las series Malviviendo, Flaman, Valeria, Intimidad, Las pelotaris, Silent witness, Ella es tu padre; y largometrajes como Obra 67, La flor de lis y Els nens salvatges. @ricardo_mena_rosado / www.ricardomenarosado.com