Las migraciones. Las despedidas. Las lágrimas de aeropuerto. La decisión de cerrar la puerta y cruzar la frontera. Los papeles, los permisos, el hueco en el estómago al saber que tienes una visa de turista cuando a lo que vas es a trabajar.

¿Cuál horizonte volátil, esfuma caos? ¿Cuál horizonte blanquizco, tiene una pócima? ¿Cuál horizonte pardusco, ventea la muerte?

Desperté cuando la luz de la tarde se doraba como la piel de una manzana...

Todos los días, en el camino recorrido entre la casa y su estudio, Marina tenía que parar en ese semáforo. Era larga la espera. Algunos muchachos repartían volantes impresos: Clases de Baile Fino de Salón...