Si el anterior presidente nos tenía acostumbrados a pifias “presidenciales” un día si y el otro también, en este sexenio la constante ha sido la polarización de la sociedad.

En Campeche, a horas de realizarse el proceso electoral que habrá de elegir al gobernador, 35 diputaciones, 13 alcaldes y 22 juntas municipales, se vive un clima de relativa incertidumbre, no únicamente por los resultados, sino por el desarrollo de la jornada electoral y sus consecuencias.

Las campañas que presenciamos sin importar las modificaciones coyunturales efectuadas por la presencia del coronavirus, responden siempre a la lógica del mercado, que primero convierte en mercancía a las y los contendientes para después revalorizar en negativo sus propuestas, deshumanizándolas y fetichizándolas.

Debe ser terrible para quien ha luchado casi toda su vida contra el neoliberalismo, la corrupción, por una sociedad más justa y que piensa que al fin ha ganado, que atestigua ese triunfo antes de llegar a la tumba, que alguien le diga que eso no es verdad, que todo fue una trampa del sistema para inmovilizarnos.

Técnicamente, las campañas políticas no sirvieron de mucho para que los ciudadanos decidieran a quién darle su voto, más bien sólo generaron basura, un aumento en el número de contagios por COVID-19 y una pérdida de dinero al erario por algo que fue realmente improductivo.

Lo rescatable es que el sexenio de AMLO nos dio un respiro, sobre todo con las políticas públicas que nos estaban llevando a una debacle social.