En tiempos de vacunas, Cuba emprendió un nuevo “ciclo en la vacunación” contra las discriminaciones hacia la mujer y la igualdad de género con el Programa Nacional para el Avance de la Mujer.

Me reconozco hija de todas aquellas que labraron el camino a golpe de amor al oficio. Mujeres de teatro. Ese oficio que, a veces, hoy se cotiza caro.

Cuando la humanidad se encerró obligatoria e inesperadamente en sus hogares durante este pandémico 2020, muchas personas arrastraron conductas que quebrantaron la concordancia familiar. La violencia de género, especialmente hacia las mujeres y las niñas, explotó mundialmente. Instituciones y personalidades convocaron a educar para frenarla, pero, ¿cómo hacerlo con tantas adversidades?

Los jóvenes se cansan de escuchar el lema repetido ad nausea por sus mayores: que para olvidarse de sus propios problemas deben servir a los demás. Es un consejo que huele a sótanos mohosos y a farisaísmo. Yo era uno de estos jóvenes que piensan que uno pierde su libertad cuando se involucra demasiado con los demás.

En los días previos a su entrada al convento, conoció a Pedro, un joven bastardo de un importante personaje novohispano que era aspirante a fraile Agustino. Aciago día para ambos, ya que aun cuando fueron escasas las horas que hablaron, ambos quedaron prendados el uno del otro.

Los encierros para dominar las pandemias acompañaron a la humanidad durante siglos, pero la Covid-19 los extendió a todos los países porque los infectó simultáneamente. La OMS recomendó aplicar un enfoque de género para conocer las manifestaciones específicas de esta pandemia. Esto me motivó a estudiar algunos comportamientos de las asalariadas cubanas durante los seis meses en que el aislamiento social y físico asumió distintas gradaciones, para identificar los obstáculos que enfrentaron al compaginar sus empleos con la atención a sus familias en escenarios prácticamente inéditos.

En México, cinco de cada cien personas privadas de su libertad, son mujeres. Estas mujeres son consideradas como grupo vulnerable de la población, porque se encuentran en situación de reclusión en espacios que no cuentan con las condiciones mínimas que favorezcan su reinserción y por ser México un país marcado por la desigualdad de género y la violencia hacia las mujeres.

La pandemia de la desigualdad nos afecta a todas, aunque no en la misma medida. Existen mujeres que cuentan con privilegios tales como una mejor posición social, un empleo digno y bien remunerado, redes de apoyo, mayor escolaridad o una plena consciencia de la desigualdad de género que se vive en México