En septiembre de 2017, una foto colgada en el muro que separa a Estados Unidos y México a la altura de Tecate, Baja California, le dio la vuelta al mundo. Las manos de un niño, de rostro vivaz y tierno, se posaban por encima de la valla como para facilitar la mirada con que escudriñaba lo que estaba del otro lado.
En el campo de las artes visuales, en el que me desempeño, se registraron sensibles pérdidas, pero me parece mucho más pertinente asociarlas a la idea de la permanencia, porque la huella de los artistas auténticos sigue abonando las experiencias de sus contemporáneos y de los que vendrán.













