“Los tres amores de Lola”, dirigida por René Cardona, es una buena opción para disfrutar de un momento en verdad de “oro”, como lo fue la época más emblemática del cine mexicano.
"El baile de los 41" nos presenta una historia de amor imposible y en la que los detalles son fundamentales para lograr la atmósfera que envuelve los sentidos del espectador: los escenarios, la fotografía, el vestuario, la música y la coreografía de la escena del baile realizado en la calle de La Paz de la Ciudad de México. Por eso, quisimos platicar con Pablo Mercader Duch, quien actuó como uno de los 42 miembros de aquel club clandestino que se remonta hasta épocas de Maximiliano y quien fue coreógrafo en este film que saca a luz un hecho histórico que se ha mantenido oculto por muchos años.
En México se hacen algunos proyectos, algunas películas, documentales y series. Dentro de ese contexto, donde no hay realmente una industria del cine sino intento de hacer cosas y tribus por todos lados tratando de generar producción, donde el documental es el más castigado.
Pablo y yo no nos veíamos desde que se decretó el estado de alarma el año pasado. La última vez fue en su piso, reunidos para producir un cortometraje. Nos despedimos esa noche sin saber que seríamos presos de nuestras respectivas viviendas, situadas en los extremos opuestos de Madrid.
Este año, el festival de cine alemán Max Öphuls Preis ofrecía una edición muy peculiar, marcada por el formato online. Ninguna novedad, a la vista de cómo está el panorama mundial, pero aún así muchos de nosotros nos preguntábamos: “¿Cómo será? ¿Funcionará igual de bien? ¿Todas las películas desde la pantalla del ordenador? Qué espanto…”
El cine documental, consigue retratar al ser humano en todas sus tesituras, todas sus facetas de una manera muy honesta, creo que en este sentido no hay comparación, además logra hacer dos funciones: es una ventana, puede ver el mundo hacia afuera y es también reconocer el mundo, verlo hacia afuera, explorar, examinar, entender el universo: las culturas, otras idiosincrasias, otros códigos sociales, al mismo tiempo se convierte en un espejo.
La conciencia es una anomalía, un parásito plagado de contradicciones paranoicas que dictan las acciones del individuo en el nombre de falsas verdades y que por lo tanto hay que eliminarla...












